Da igual el momento del año en que leas este texto, porque este es un tema recurrente y bastante extendido. ¿Quién no se ha dicho alguna vez (o muchas veces) "necesito hacer más ejercicio"?
¿Por qué no hacemos ejercicio?
También puede ser que, al no ver beneficios inmediatamente (si no que empiezas a verlo cuando eres constante, a largo plazo), lo abandonamos porque pensamos que no sirve para nada. Ya sabes, necesitamos ese caramelito delante, la gratificación inmediata.
Por no hablar, de que el ejercicio, y más cuando estás acostumbrada a no hacer nada, cuesta. Físicamente hablando, es cansado (con un pero, que te cuento más abajo). Y si ya de por sí, tienes cansancio, necesitas fuerza de voluntad para ponerte en marcha.
Los motivos más habituales para no hacer ejercicio
- "No me apetece, me da pereza, me falta voluntad para ponerme" Detrás de todo esto está la falta de interés por el ejercicio, y acabamos buscando explicaciones, culpables y nos dejamos vencer por la falta de fuerza de voluntad.
- "No tengo tiempo" Cada una tiene sus movidas (trabajo, familia, compromisos, horarios marationanos) lo sé, pero muchas veces se trata de un tema de interés y prioridad. Además hay opciones, te lo cuento luego. Si en el fondo, hacer ejercicio no tiene un peso importante en tu día a día, es fácil dejarnos que otras tareas acaben desplazándolo de nuestra agenda.
- "Estoy muy cansada". Conozco el agotamiento que supone tener jornadas largas, cuidar familia y dormir poco. Lo último que quieres en esos momentos es, encima, ponerte a hacer ejercicio. Pero ten presente una cosa, que es curiosa: el ejercicio, aunque nos cansa, nos aporta energía. Es un combo que además nos permite descansar mejor.
- "Me molesta, es incómodo", lo sé, sobre todo cuando empiezas: sudas, pasas calor, a veces puede llegar a doler, puedes tener agujetas ¡Es un esfuerzo gordo! Todos esos malos ratos sin importancia los recuerda tu cuerpo, y van creando una idea (errónea) de que te falta forma física para hacer algo de deporte, y te hace retrasar (todo lo que puedas) el volver a retomar el ejercicio.
¿Cómo trabajar para superar esas excusas?
- Trabajar la motivación. Puedes motivarte de forma externa, por ejemplo, para que los demás te vean bien, aunque es una motivación muy a corto plazo y superficial, pero que te puede dar ese primer empujón que a lo mejor necesitas; o puedes motivarte de forma interna, es decir, buscar el porqué realmente quieres hacer ejercicio. Esta forma de motivación será siempre más estable y es la ideal, a la que debemos aspirar, para ser constantes.
- Autonomía: sentir que somos dueños de nuestro destino, que tenemos el control. Para este caso, pone el ejemplo de herramienta para motivarte, de las app de deporte, donde nosotros elegimos qué hacemos, cuánto tiempo y cómo.
- Competencia: sentir que crecemos, avanzamos. En este caso, la mejor forma de motivarse es hacer un deporte que tenga niveles (y progresar), o llevar un registro del ejercicio para tener la sensación de progreso.
- Relaciones: sentido de pertenencia, formar parte de un grupo. En este último, el mejor motivador es participar en deportes de equipo, o unirte a una comunidad virtual de deportistas.
- Ponerte en marcha. Seguro que más de una ocasión has escuchado la frase de que el camino se hace caminando, ¿verdad? pues es aplicable aquí. Muchas veces, el mayor bloqueo que tenemos para motivarnos a algo es empezar a hacerlo, pero una vez ya estamos haciéndolo, continuar no nos cuesta. Una vez estés en la calle, caminando, es casi seguro que hagas más de 5, 10 minutos, sin problema (¡y mucho más!), al igual que el gimnasio.
Junta el nuevo hábito que quieres incorporar (hacer ejercicio) a alguna rutina que ya tengas implantada. Por ejemplo: si todas las mañanas vas al baño y luego te duchas, quizás puedes modificar tu horario para levantarte 10 minutos antes, ir al baño [hacer 10 minutos de ejercicio] y luego ducharte. De esta forma te resultará más natural acordarte de hacerlo.
¿Te gusta quedarte en el sofá viendo netflix, y tienes una bici estática? quizás puedes ponerte a ver tu serie mientras pedaleas un rato.
Póntelo fácil: piensa
en qué suele suceder para que no hagas ejercicio, y busca maneras para
sortear ese freno. ¿Qué te frena habitualmente? Si es la pereza para salir al gimnasio, déjate todo
preparado para simplemente cogerlo y salir por la puerta. Si "se te olvida", ponte un
recordatorio visual o una alerta en el móvil, que te recuerde cuándo
tienes que hacerlo. Si haces deporte en casa, déjate a la vista los
materiales.
- Trabaja primero en generar el hábito: Empieza en pequeño. No pretendas pasar del sofá a correr 6 km en una tacada, por que si lo consigues, al día siguiente estarás tan reventada que no lo repetirás. La primera parte y tu primer foco debe estar en crear un hábito, el de ser más activa. El de ser ese tipo de persona que hace deporte todos los días. Tú eliges el qué y cada cuánto. Muchas veces, para crear un hábito, se recomienda empezar por un nivel tan básico, que sea imposible no hacerlo. La idea es generar ese hábito de empezar, de dar ese primer paso. Que es realmente la parte difícil (una vez te pones, es más sencillo seguir haciéndolo).
Piensa en qué actividad quieres crear el hábito y cómo puedes hacer el mínimo. Si es salir a caminar, puede ser dar una vuelta a tu calle. Si es salir a correr, puede ser correr 5 minutos sólo. Si es hacer yoga, dedicarle 5 minutos al levantarte...
Poco a poco, una vez tengas el hábito de comenzar, puedes aumentar gradualmente la intensidad, el tiempo o la distancia. Siempre de forma que estés a un nivel que todavía puedas parar y pensar "podría hacer más". De esta manera, trabajas en fijar el hábito, para acabar convirtiéndolo en rutina, y no te quemas. Es decir, estarás suficientemente cansado pero no tanto como para al día siguiente no poder hacer nada porque te duele todo el cuerpo.
- Usa la gamificación y otras formas de darle a tu mente esa gratificación inmediata que tanto anhela. Una forma sencilla, y respetuosa con el objetivo de hacer más ejercicio, es retarte a llegar a una cifra concreta (de km, de pasos al día / año, de kilos, minutos, lo que consideres). Puedes ponerte un reto anual (por ponerte un ejemplo, km totales), pero para no perderlo de vista, es recomendable ese reto grande, dividirlo en hitos más pequeños y alcanzables.
- Algo indispensable para mi: Bloquea tiempo en tu jornada para dedicarlo al ejercicio. La única manera de darle importancia al ejercicio (o a cualquier actividad, en realidad, que quieras realizar) es darle la misma relevancia que una cita médica o del trabajo, por decirte un par de ejemplos. Vamos, que sea algo que no te saltes, y que te comprometas de esta manera a hacerlo. Si simplemente dices: tengo que sacarle tiempo... al final cualquier urgencia, o tarea del día a día, se comerá ese tiempo. Cuando bloqueas ese espacio en tu calendario, como si fuera una cita, te predispones a comprometerte a realizarlo. Si convives con más personas, pon en su conocimiento en qué momento has programado hacer ejercicio, y acuerda con ell@s ese espacio. Por ejemplo, si tenéis hij@s que cuidar, ese momento tendrán que ser atendidos por tu pareja, para que puedas dedicarte a realizar el ejercicio. O no fijar una actividad alternativa en ese momento.
Cómo incorporar el deporte en tu día a día
Vale, pero...¡es que no tengo tiempo!
Las microdosis de actividad son una manera perfecta de ir adoptando un estilo de vida más activo, para cuando es imposible sacar 30 minutos o más para hacer ejercicio. Piensa en pequeños cambios que puedes ir haciendo, como: usar las escaleras en vez del ascensor, bajar una parada antes en el transporte público para ir andando, o incluso limpiando por casa, haciéndolo con un ritmo algo más intenso, o con música y bailando. Estas acciones no suponen una gran diferencia de tiempo, pero poco a poco nos hace estar más activas, con el beneficio que implica luego para nuestra salud.
¡Pero es que estoy agotada!
Ten en cuenta que la energía que tenemos a lo largo del día, también es un punto que interesa tener en cuenta. Para cargarte de energía, el mejor momento para hacer ejercicio es por la mañana, pero para algunas (nos) resulta imposible, si tienes que madrugar, o tienes niños que no pueden quedarse a solas. En esos casos, es más fácil sacar hueco por la tarde. Pero teniendo en cuenta mi ritmo y energía, para mi, es el peor momento (aunque muchos días es el único momento), ya que me activa y luego me cuesta mucho descansar.
Por cierto ¿te has parado a pensar que tu ciclo menstrual también está ahí, afectándote? Pues sí, amiga. Nuestras hormonas cambian, fluctúan más que la bolsa, durante el mes. Y nuestra energía se ve afectada al final. Por ejemplo, si estás en los primeros días de la regla, y tienes dolores, el yoga o el pilates te pueden ayudar a mitigar los síntomas. Durante la fase folicular, estás de hormonas a tope, y te sientes genial, energética, así que es el momento para entrenamientos más duros: pesas, crossfit, hiit,... Los días antes de la regla probablemente tengas déficit de energía, bajón de ánimo, fatiga...una actividad suave vuelve a ser quizás más indicada. Algo que te mueva pero no te exija tampoco una barbaridad, y te deje relajada.
¿Cómo diseñar esta rutina en tu agenda?
- Elige tu meta anual o cuatrimestral. De ella, saca los hitos intermedios (mensuales, y si es posible, semanales o incluso diarios)
- Escribe qué acciones vas a realizar para alcanzar esos pasos intermedios.
- Determina el tiempo que vas a dedicar cada día o semana a hacer ejercicio, y qué vas a hacer.
- Bloquea ese tiempo que necesitas en tu agenda (y ponte alarma, si lo necesitas). Anota qué vas a hacer y cuánto tiempo.
- Crea un registro de hábitos si te resulta útil. De esta forma puedes tachar cada día que hagas el ejercicio y motivarte con el sistema de no romper la cadena que te comentaba arriba.
- Registra tus avances, según lo que necesites. Quizás es un registro del tiempo o distancia que recorres, del peso que levantas, del peso que has perdido o ganado, o de tus medidas.
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Yo tenía un sobre peso de más de 10 kilos, lo he logrado eliminar con mucho trabajo. Por experiencia te diría que las personas hacen ejercicio por las razones equivocadas, por lo general para entrar en un vestido, por una persona que les gusta o porque medicamente no les quedó remedio. Lo malo es que con el tiempo cuando la persona en cuestion ya no les atrae, su salud mejora o el vestido a dejado de estar de moda todo el interes en el ejercicio desaparece. La motivación no puede ir en pro de algo externo, sino de uno mismo, porque somos la razón por la que nos ejercitamos y los únicos que se beneficiaran a largo y mediano plazo.
ResponderEliminarMi meta personal es bajar almenos 5 kilos más, fortalecer la mosculatura y darle buena forma a mi figura. Yo soy el motivo por el cual hago ejercicio, yo y nadie o nada más. Para mí ha sido mucho más facil mantener mi disciplina de esta manera.
Totalmente de acuerdo, Katalina, por eso en el post hablo de estos dos tipos de motivación, y que la externa puedes usarla como "disparador", para comenzar, pero que si quieres mantener el hábito la motivación tiene que ser interna, algo realmente importante para ti.
EliminarNo hago nada de ejercicio,como tengo un trabajo en el que estoy 7 horas en movimiento, luego no tengo ganas de hacer nada.Quiero retomar el pilates porque me ayudaba a mantener el cuerpo descontará cruzado. Ya te contarè, un saludo.
ResponderEliminar¡Hombre, es que no es comparable a un trabajo de 8h sentada! jejeje pero si, un poco de entrenamiento de fuerza o elasticidad, no está de más, que hay que "proteger" al cuerpo a largo plazo.
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