Qué es el journaling, por qué puede ayudarte a comprenderte mejor y cómo empezar a escribir un diario sin buscar la perfección.
Hoy el journaling está en todas partes. Hay cuadernos específicos, aplicaciones, vídeos de veinte pasos para empezar y listas infinitas de preguntas sobre las que escribir. Yo no empecé por nada de eso. De hecho, cuando empecé, ni siquiera sabía que aquello que hacía se acabaría conociendo como "journaling"
Llevo escribiendo diarios desde que tenía unos diez años.
El primero que recuerdo era verde, con el canto de las hojas dorado y un pequeño candado metálico que, probablemente, no habría impedido que nadie lo leyera. Si no recuerdo mal, fue un regalo de cumpleaños y, al principio, me emocionaba usarlo igual que las chicas que veía en las películas y series de adolescentes.
Ese diario ya no lo conservo, pero hace poco encontré otro de un par de años después. Era el típico diario de una niña: lleno de dramas, amores secretos y un resumen bastante detallado de mis días. Cuando lo releí, ya de adulta, sentí vergüenza ajena y ternura a partes iguales.
Según fui creciendo, el diario fue desapareciendo poco a poco. En el instituto, y más tarde en la universidad, escribir sobre cómo me sentía empezó a parecerme algo infantil. Me sentía "mayor", y, sin darme cuenta, asocié crecer con dejar atrás ciertas cosas. Entre ellas, escribir un diario.
O, al menos, eso creía.
Porque en realidad nunca dejé de escribir. Solo cambió la forma de hacerlo.


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