Cada enero llega con una sensación de reinicio. Sin embargo, no es raro que los propósitos de año nuevo se abandonen incluso antes de que finalice febrero (los datos demuestran que el 80% se han abandonado a 1 de febrero ¡80%!). Pero ¿y si en lugar de fijarnos metas apresuradas, optamos por un enfoque más pausado y consciente? Este año, te invito a replantear tu manera de planificar: adopta el slow planning, un método que prioriza la reflexión, la intención y el bienestar a lo largo del camino.
Vamos a recorrer juntas los pasos para construir un plan anual que te alinee con tu ritmo, tus valores y tus prioridades, asegurando que cada meta contribuya a una vida más plena y significativa.
1. Reflexiona sobre el año que dejaste atrás
Antes de mirar hacia adelante, mira atrás con calma. Este ejercicio no es solo para identificar lo que funcionó y lo que no, sino para conectar con tu historia reciente, reconocer tus aprendizajes y abrazar los momentos que te marcaron.
- Celebra tus logros: Tómate un momento para reconocer tus victorias, por pequeñas que sean. Mostrar gratitud por lo positivo de tu vida no solo te llena de energía, sino que también refuerza tu autoconfianza.
- Reconoce lo aprendido: Incluso los momentos desafiantes tienen algo que enseñarnos. Identifica qué descubriste sobre ti misma, tus relaciones o tus límites.
- Haz una lista de alegrías: Identifica esas pequeñas cosas que te traen felicidad: un pasatiempo, un lugar, una canción. Tenerlas presentes te ayudará a incorporar más de lo que amas en tu vida diaria, sobre todo para esos días que estés de bajón.
Puedes profundizar en este ejercicio con preguntas guiadas, como las que te comparto aquí. Si llevas un diario, este es el lugar perfecto para explorar tus pensamientos. El balance no es solo un cierre; es una herramienta para seguir adelante con claridad y consciencia.
Ahora que has reflexionado, estás preparada para empezar a pensar en el siguiente año.
2. Diseña tus metas (con sentido)
En el slow planning, las metas no son simples listas de tareas. Se trata de construir un mapa que te conecte con cómo quieres sentirte y vivir.
- Comienza con cómo te quieres sentir: Pregúntate: “¿Qué emociones quiero cultivar este año?” Una vez identifiques tus respuestas, piensa en qué experiencias, personas o actividades pueden ayudarte a alcanzar ese estado. Define estos parámetros primero, y luego tus objetivos, a partir de ellos.
- Reflexiona sobre las relaciones que tienes alrededor. Identifica esas personas que son tu red de apoyo (que te ayudan, que te animan), que pueden ayudarte en tus objetivos; y cuáles no lo son (para alejarte de ellas).
- Define tu legado: Reflexiona sobre qué tipo de impacto quieres dejar en las personas a tu alrededor. Visualizar este legado puede ayudarte a trazar un camino significativo. ¿Cómo querrías que te recordasen? No te agobies, piensa en grande, y luego vamos trabajándolo más en pequeño.
- Identifica un mantra o palabra guía: Escoge una palabra o frase que encapsule tu intención para el año y te sirva de recordatorio y guía. Colócala en un lugar visible para recordarte tu enfoque. Tal vez sea “equilibrio”, “salud” o “calma”.
- Trabaja por áreas: Divide tus metas en áreas de tu vida (personal, profesional, familiar, etc.). El ejercicio de la Rueda de la vida te puede ser útil en este sentido. Reflexiona sobre qué quieres potenciar y qué es mejor dejar atrás.
Ahora ya tenemos un montón de información en nuestra cabeza y nuestro cuaderno. Sabemos de dónde venimos, qué hemos aprendido y qué queremos dejar atrás. Qué nos ha funcionado, y qué no. Sabemos a dónde queremos llegar (a largo plazo) y cómo nos queremos sentir. Sabemos a quién tenemos cerca que nos puede ayudar y en qué areas nos queremos centrar en trabajar. Y hemos definido una palabra que nos ayudará a recordarlo durante todo el año, para centrarnos y motivarnos.
Ahora toca definir los pasos que tenemos que dar, para llegar a esa meta. La clave está en alinear tus objetivos con tus valores y prioridades actuales. Piensa a lo grande, pero planifica en pequeño.
3. Traza un camino sencillo y flexible
Una vez que tengas tus metas claras, es hora de darles forma. Pero recuerda: no se trata de llenar tu agenda, sino de avanzar con calma y atención plena. Para este 2025, yo me voy a centrar en mis áreas: hogar, salud y desarrollo personal.
A la hora de fijar los objetivos, recuerda que éstos deberán ser SMART, de forma que sea mucho más realista poder realizarlos. Soñar con objetivos imposibles es muy motivador, pero es muy fácil también que los abandonemos por el camino a la primera de cambio. Define metas que sean específicas, medibles, alcanzables, relevantes y con un tiempo definido. Pero dales un plus: asegúrate de que también sean amables contigo y alineadas con tu bienestar.
Divide y vencerás: Piensa en tus objetivos para este año, pero divídelos en pequeños objetivos, que sumándolos te permitan alcanzar el grande. Pueden ser a más corto plazo, como trimestrales, mensuales, o incluso semanales. ¿Por qué? Porque no podremos centrarnos en todos a la vez, será muy, muy complicado, y fácil ir abandonándolos, o dejándolos atrás. En cambio, si nos ponemos mini-objetivos intermedios, a más corto plazo, podemos ir atendiéndolos uno a uno, centrar toda nuestra energía en ellos, e ir avanzando.
Te comparto un ejemplo real:
- Objetivo grande: Mejorar mi bienestar físico. > Aunque esta forma de expresarlo, no está smartizada, por lo que es necesario darle una vuelta:
- "Quiero perder 10 kilos de peso, durante el próximo año (12 meses) para mejorar mi bienestar físico y tener menos complicaciones de salud" > Aquí estoy indicando específico, algo que es medible (10 kilos), con un plazo definido (12 meses), que es alcanzable (10 kilos en 12 meses, es algo realizable, si me esfuerzo), y relevante (porque quiero mejorar mi bienestar y tener menos problemas de salud).
¿Ves la diferencia entre ambas formas de decirlo? Parecen tonterías pero, tienen su motivo. El primero es muy genérico... ¿qué es mejorar mi bienestar? ¿cuánto lo mejoras?
En cambio, el segundo caso, es claro y concreto, e incluso te permite ver fácilmente cómo "trocearlo" para ir alcanzando hitos intermedios (metas de 1 kilo en 1 kilo por ejemplo)
Ahora que lo tienes definido podrías establecer las acciones por las que comenzarás. Siguiendo con el ejemplo podrían ser:
- Ir a clase de pilates los lunes
- Hacer sesiones de pesas los miércoles y sábados
- Realizar caminatas después del trabajo de 30 minutos (de lunes a viernes)
- Planificar los menús semanales todos los sábados (cuidando la alimentación, y evitando así el comer cualquier cosa que pille).
Es solo un ejemplo, pero espero que te sirva para verlo un poco más claro.
Deja espacio para lo inesperado: La vida no siempre sigue el guion que trazamos. Ser flexible te permitirá adaptarte sin perder de vista lo importante.
4. Integra el slow planning en tu día a día
El slow planning no es un ejercicio anual; es un estilo de vida. Encuentra momentos habitualmente para revisar tu progreso y ajustar el rumbo, si es necesario. Por que no pasa nada por tener que parar y re-ajustar. Incluso puede que te encuentres que, en unos meses, incluso tus objetivos han cambiado ¡Y no pasa nada!
Aquí hay algunas ideas:
- Dedica unos minutos cada semana a reflexionar sobre cómo te sientes y si tus acciones están alineadas con tus objetivos.
- Usa herramientas simples como un diario o una aplicación para registrar tus avances sin presión. Yo uso mi diario (un cuaderno simple), mi agenda (en este momento el planner semanal de Mi Kaizen) y la app de Hábitos para llevar un registro.
- Reconoce los pequeños pasos que das cada día y celébralos como grandes logros.
Este año, haz las paces con el tiempo y contigo misma. Planifica con calma, vive con intención y construye un camino que te haga sentir en armonía. Recuerda: no se trata solo de llegar a la meta, sino de disfrutar cada paso del recorrido.
Ahora tú...
¿Lista para empezar tu 2025 con intención? Comparte tus reflexiones en los comentarios. Me encantará leerte.
Este año solo tengo un objetivo personal, otro profesional y conseguir leer muuucho. Me he dado cuenta de que me cuesta centrarme en muchos objetivos a largo plazo, incluso con planificadores. ASí que ahora intento centrar las cosas por mes o semana según van surgiendo necesidades, y esos tres objetivos principales a medio/largo plazo. Simplificar me ayudó mucho el año pasado!
ResponderEliminarPues me parece perfecto. Mejor centrarse en dos, y centrarse en cumplirlos, que llenarse de cientos que no llegarán a ninguna parte. Las metas a corto plazo te permiten organizarte mejor para cumplirlas, no te olvidas de ellas y te pillan más motivada. ¡Gracias por compartir!
EliminarYo me estoy marcando objetivos mensuales,un par o tres y así los puedo cumplir,el corto plazo hace que no abandone y que pueda centrarme más en lograrlos.
ResponderEliminarFantástico el post,gracias!!!
¡Bien hecho! Si además, quieres trabajar a largo plazo, se trata de seguir haciendo lo mismo, solo que los objetivos mensuales que te fijas tienen todos un objetivo "mayor" en común
EliminarBesos!